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Confiando en Dios Aunque la Vida Duela -Parte 2

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Elier Hernandez-

(Segunda parte)

Capítulo 7”La soberanía de Dios y nuestra responsabilidad”

En este capítulo el autor nos advierte del peligro de emplear mal o abusar de la soberanía de Dios. Pues a beses tendemos a abandonar nuestras responsabilidades ante nuestro creador, él nos da un ejemplo de un hombre que llevó la doctrina de la soberanía de Dios a tal extremo, que la convirtió en una especie de fatalismo divino. Un día, al bajar las escaleras, descuidadamente tropezó y rodó varios escalones; se levantó, con cuidado palpó sus raspaduras y se dijo: “Bueno, me alegro que esa haya terminado”.  Y que debemos cuidarnos de este fatalismo pues tenemos que hacer lo que él nos mandó hacer y no excusar atreves de la soberanía de Dios. En muchos pasajes bíblicos encontramos que tenemos responsabilidades como orar por los gobernantes, por nuestros vecinos, por las almas perdidas, por la predicación de su evangelio, por los enfermos y demás tenemos un mandato y tenemos que cumplirlo, pues de lo contrario lo demandara de nosotros. Él nos dice “Por nada estéis afanosos” pero inmediatamente sigue con “sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias” Fil.4:6. Proverbios 16:9 nos dice que los planes de una persona sólo se logran si están dentro de la voluntad soberana de Dios. Pero Dios usa el consejo sabio de otros para llevar nuestros planes a su voluntad soberana. Una vez más, no debemos confundir la obligación, que en este caso, es buscar un consejo sabio, con la voluntad soberana de Dios.

Hemos visto que la soberanía de Dios, no deja de lado nuestra obligación de actuar responsable y prudentemente en todas las ocasiones. Pero, ¿qué del otro aspecto de la pregunta? ¿Fallar en nuestra obligación de obrar prudentemente, frustra los planes soberanos de Dios ? Las Escrituras nunca indican que Él sea frustrado de manera alguna porque nosotros fallemos en actuar como deberíamos. En su infinita sabiduría, el plan soberano de Dios incluye nuestros fracasos y nuestros pecados. Cuando Mardoqueo le solicitó a la reina Ester interceder ante el rey Jerjes por el bienestar de los judíos, ella lo evadió con la explicación de que al entrar en la presencia del rey estaría bajo amenaza de muerte Ester 4:10-11. Sin embargo, Mardoqueo le respondió:

“Porque si callas absolutamente en este tiempo, respiro y liberación vendrá de alguna otra parte para los judíos; mas tú y la casa de tu padre pereceréis. ¿Y quién sabe si para esta hora has llegado al reino?” Ester 4:14. La frase clave en la respuesta de Mardoqueo es “respiro y liberación vendrá de alguna otra parte”. El autor termina el capítulo diciendo que no hay conflicto en la biblia en el poder de dios y nuestras responsabilidades que todo está bien claro y detallado.

 

Capítulo 8” La sabiduría de Dios”

Toda  la sabiduría reside en el Señor: “Pero con Dios están la sabiduría y el poder, a él pertenecen el consejo y la inteligencia.”. Job 12,13. Y del Señor emana toda la sabiduría: “Toda sabiduría viene de Dios y con Él estará para siempre”.Ecles 1,1. Solo Dios conoce la verdad total,  profunda y absoluta de todo, ya se trate de cosas, misterios o acontecimientos,  porque Él y solo Él, es el Creador de todo lo que vemos y de lo que nuestros ojos no ven. Nosotros poseemos una inteligencia que es imagen de la suya, pero solo muy parcialmente imagen de la suya. Solo con humildad el hombre puede aumentar el tamaño de su inteligencia. La soberbia siempre le llevará al error. San Pablo nos dice: “¡Nadie se engañe! Si alguno entre vosotros se cree sabio según este mundo, hágase necio, para llegar a ser sabio; pues la sabiduría de este mundo es necedad a los ojos de Dios. En efecto, dice la Escritura: El que prende a  los sabios en su propia astucia. Y también: El Señor conoce cuán vanos son los pensamientos de los sabios. Así que, no se gloríe nadie en los hombres, pues todo es vuestro: ya sea Pablo, Apolo, Cefas, el mundo, la vida, la muerte, el presente, el futuro, todo es vuestro; y vosotros, de Cristo y Cristo de Dios, mostréis suficiencia; si alguno de vosotros se cree sabio en este mundo, que se haga necio para llegar a ser sabio. Porque la sabiduría de este mundo es necedad ante Dios”. 1Co 3,18-23.

Pero Dios nunca tiene que atormentarse ante una decisión, y ni siquiera tiene que deliberar consigo mismo o consultar a otros. Su sabiduría es intuitiva, infinita e infalible:

“Su entendimiento es infinito” Sal. 147:5. J. L. Dagg, teólogo del siglo XIX, describió la sabiduría así: “Consiste en la selección del mejor objetivo de una acción y la adopción de los mejores medios para lograrlo.” Luego dijo: “Dios es infinitamente sabio, porque escoge el mejor objetivo de una acción y porque adopta los mejores medios posibles para el logro de ese fin” El mejor objetivo de todas las acciones de Dios es su gloria. Es decir, que todo lo que El hace o permite en toda su creación finalmente servirá a su gloria.  Entonces, la infinita sabiduría de Dios se muestra en sacar bien del mal, y belleza de entre las cenizas. Se evidencia en todas las fuerzas del mal, que se lanzan contra sus hijos en bien para ellos. Pero el bien que El ocasiona con frecuencia es diferente al que nosotros prevemos. Pero, el escritor dice sin reservas que Dios nos disciplina para nuestro bien. No hay preocupación por parte de Dios, ni esperanza de que haya tomado la decisión correcta, ni cuestionamiento de qué es realmente lo mejor para nosotros. Dios no comete errores. El sabe infaliblemente, con infinita sabiduría, qué combinación de circunstancias buenas y malas nos traerá al compartir su santidad. El nunca pone demasiada “sal” de adversidad en la receta de nuestras vidas, pues su mezcla de adversidad y bendición siempre es exacta para nosotros.

 

 

Capítulo 9 “Conocer el amor de Dios”

 ¿Qué podemos decir sobre el amor de Dios para con sus criaturas, un amor que no sólo las creó, sino que las redimió y las guardó para una eternidad en comunión con él? Sin duda, nada que podamos decir podría abarcar la medida de su amor. El amor de Dios siempre será infinitamente más profundo que la conciencia que tengamos de él o de cómo lo expresemos.

La Biblia es muy sencilla cuando habla sobre el amor de Dios, y una de las cosas simples que dice es que el amor de Dios es un gran amor. “Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó” Ef. 2:4. Juan 3:16 implica lo mismo con la frase de tal manera: “Porque de tal manera amó Dios al mundo que…”. Significa: “Dios amó tanto al mundo que…”. Por supuesto, cuando Dios dice que su amor es grande no está usando esta palabra de la misma manera que la usamos nosotros cuando decimos que algo relativamente normal es grande —un gran concierto, una gran cena, o algo similar. Dio: es un maestro en el arte de subestimarse. Cuando dice que su amor es un gran amor en realidad está diciendo que su amor es estupendo, tanto que trasciende nuestras ideas de grandeza y nuestro propio entendimiento.

El apóstol Juan dijo: “Dios es amor” 1 Juan 4:8. Esta frase sucinta, junto con su paralela “Dios es luz” 1 Juan 1:5; es decir, Dios es santo, resume el carácter esencial de Dios como se nos reveló en las Escrituras. Así como a Dios le es imposible por naturaleza ser algo menos que perfectamente santo, también le es imposible ser algo menos que perfectamente bueno. Puesto que Dios es amor, una parte esencial de su naturaleza es hacer bien y mostrar misericordia a sus criaturas. El salmo 145 habla de su “inmensa bondad”, de ser “clemente y misericordioso”, de ser “bueno para con todos”, y de tener “misericordia sobre todas sus obras”.  Incluso en su papel de juez de los hombres rebeldes, El declara: “No quiero la muerte del impío” Ezequiel 13:11.

Juan dijo que Dios es amor, y así lo mostró, enviando a su Hijo a morir por nosotros.

Nuestra mayor urgencia no es librarnos de la adversidad, pues todas las dificultades que puedan ocurrir en esta vida no pueden, en ninguna forma compararse con la total calamidad de la separación eterna de Dios. Jesús dijo que ningún bienestar terrenal se puede comparar con el gozo eterno de que nuestros nombres están escritos en el cielo Lucas 10:20. De forma similar, ninguna adversidad se puede equiparar con la terrible calamidad del juicio eterno de Dios en el infierno.

El salmista dijo: “En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti” Sal.

119:11. Murmurar contra Dios y cuestionar su bondad es de hecho pecado. Deberíamos trabajar tan diligentemente en confiar en el amor de Dios como lo hacemos en obedecer sus mandatos. Si vamos a confiar en su amor, debemos guardar en nuestros corazones las grandes verdades que hemos visto en este capítulo como son: El amor de Dios en el Calvario, nuestra unión con Cristo y la soberanía del amor de Dios ejercida en nuestro beneficio. El amor de Dios es una verdad objetiva que no se puede contradecir, pero es una realidad que debemos guardar en nuestras mentes y corazones. Luego tenemos que usarla en medio de la adversidad para controlar nuestras dudas.

 

 

Capítulo 10”Experimentando el amor de Dios”

 La Biblia dice que Dios nos ama, y la cruz es prueba de ello. Lamentablemente, ésta es una verdad intelectual, no experimental, para muchos creyentes. El problema no es con el Señor, sino con la incapacidad de la personas de reconocer ese amor. Un obstáculo puede ser la inclinación a calibrar el amor divino por las circunstancias de la vida. Cuando el Señor permite el dolor y las tragedias, algunos piensan que Él es insensible. La antigua pregunta se convierte entonces en muy personal: “¿Cómo puede un Dios de amor dejar que yo, o las personas que amo, estemos sufriendo?” Nunca entenderemos plenamente sus caminos, pero sí podemos saber que su compasión y su cuidado son más grandes que el sufrimiento total de todo el mundo, y que en el cumplimiento del tiempo, Él lo corregirá todo. Un sentimiento de desmerecimiento personal puede también impedir la aceptación del amor de Dios. El concentrarse en pecados del pasado y en los fracasos morales, o compararse con otros, producirá sentimientos de culpa y desaliento. Satanás se especializa en fomentar estos pensamientos y sentimientos auto condenatorios. El Señor nunca dice: “Límpiate primero, y después te amaré”. Recuerde que el amor divino está basado en el carácter de Dios, no en nuestro desempeño. El origen de todos los obstáculos para experimentar el amor de Dios, es la incredulidad. Cuando negamos su interés y preocupación por nosotros, dudamos de la verdad de las Escrituras. El Señor quiere que cada uno de nosotros experimente su gran amor. Cuando surjan las dudas, confíe en la verdad de la Palabra de Dios. Él nos ama.

Es cierto que dependemos del Espíritu Santo para que nos capacite para confiar en el amor de Dios, debemos hacerlo para que nos ayude a obedecer sus mandatos. Pero así como somos responsables de obedecer sabiendo que El está obrando en nosotros, también lo somos de confiar en El con la misma actitud de dependencia y confianza. Muchas veces, en nuestra desesperación, podemos obrar como lo hizo un hombre ante Jesús cuando clamó y dijo: “Creo; ayuda mi incredulidad” Marcos 9:24. En momentos de aflicción lucharemos con dudas acerca del amor de Dios. Si nunca tuviéramos que hacerlo, nuestra fe no crecería.

 

Capítulo 11” confiar en Dios por quien usted existe”

En este capítulo el autor nos da pautas de cómo desarrollar confianza en Dios. Para desarrollar confianza en Dios, se debe modificar la perspectiva sobre la propia existencia, la vida de este mundo, las relaciones humanas, la penuria y felicidad, la salud y enfermedad, la riqueza y pobreza, el éxito y fracaso, la vida y muerte, y volverse realista sobre uno mismo siendo una mera creatura de Dios, su Creador, El Todopoderoso, Quien ha creado este universo, desde la más pequeña de las partículas hasta la más poderosa de las creaturas. Debemos darnos cuenta que Dios es la fuente fundamental de todas las recompensas, éxito y beneficios, que ningún daño puede alcanzarnos, incluso desde el más poderoso enemigo, excepto con el permiso de Dios, y que algo similar ocurre con el beneficio. Uno a menudo debe reflexionar acerca de estas cuestiones básicas de su vida y poco a poco desarrollar su fe en Dios, situar su esperanza y confianza en Él, a menudo orarle y fomentar el pensamiento realista sobre su futuro y elaborar un plan para realizar buenas obras, teniendo presentes tanto este mundo como la Otra Vida. Uno debe observar que el ser humano, a pesar de ser la más superior creatura en la tierra, de hecho tiene una muy frágil existencia. Los humanos, como cualquier creatura, nunca son independientes. Adicionalmente, los humanos, como otros, no tienen control sobre su nacimiento, envejecimiento y muerte. Similarmente, la enfermedad, fracaso, penas, pobreza y otros pesares son inherentes a la vida humana, desde el rico hasta los más poderosos seres humanos, ni uno puede evitarlos. La vida de este mundo pretende probar a los seres humanos y no es un lugar de recompensa y estancia Permanente. Una persona que olvida a Dios como su Todopoderoso Creador y Providente y atribuye sus éxitos, posesiones, riqueza y otras mundanidades únicamente a sí mismo está más propenso a sufrir de la penalidad al perderlas. En cambio, un creyente que pone su confianza en Dios está a salvo en verdad de la ansiedad, estrés, y depresión y otras enfermedades físicas y psicológicas debido a su relación con Dios. Su esperanza en Dios le provee fuerte apoyo bajo las circunstancias más difíciles de su vida y le da fortaleza. Para cada creatura viviente, viviendo en este mundo, la vida finalizará un día y el tiempo de su muerte es también desconocido. Es mejor que una persona deba siempre mantener su corazón en un estado de confianza completa con Dios y no ser influido por causas físicas, cosas materiales y transitorios éxitos y fracasos, más bien uno debe apegarse a los valores eternos establecidos por Dios.  Podemos confiar en la dirección de Dios; Él nos guiará en todo. Y cuando estemos ante su trono no estaremos cantando acerca de tener éxito en descubrir su voluntad, sino que con Fanny Crosby también cantaremos: “Jesucristo fue mi guía”.

 

Capítulo 12”Creciendo a través de la adversidad”

En este capítulo el autor nos demuestra que las adversidades de la vida son necesaria para llevarnos a un mayor conocimiento de Dios: “De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven” Job 42:5, dice Job al final de su experiencia de sufrimiento. Los sinsabores de la vida pueden  llevarnos a crecer en nuestro conocimiento de: El poder de Dios: “Yo conozco que todo lo puedes” Job 42:2. Estas palabras de Job nos recuerdan cómo también Dios guio a su pueblo a quedar atrapado entre los egipcios y el Mar Rojo para mostrar su poder Ex. 14.  La sabiduría de Dios: “Yo conozco que… no hay pensamiento que se esconda de ti” Job 42:2. La experiencia dolorosa permitió a Job entender algo de la verdad consignada en Isaías 55:8-9:

“Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos”. La justicia de Dios: “Conozco, Oh Jehová, que tus juicios son justos, y que conforme a tu fidelidad me afligiste” Sal. 119:75. Conocer la justicia de Dios nos librará de caer en el error de Proverbios 19:3, “La insensatez del hombre tuerce su camino, y luego contra Jehová se irrita su corazón”, error del que sólo dervaremos pérdida porque, “dura cosa te es dar coces contra el aguijón” (Hch. 9:5).  La misericordia y la compasión de Dios: “He aquí tenemos por bienaventurados a los que sufren. Habéis visto la paciencia de Job, y habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo” Stg. 5:11; Sal. 41:3. Job experimentó la manifestación de la misericordia y la compasión de Dios después que hubo cumplido los propósitos de Dios para sus pruebasLa gracia de Dios: “Respecto de lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad” 2 Co. 12:9. Alguien ha dicho, “el Señor puede calmar tus tormentas, pero más frecuentemente te calmará a tí”. El amor de Dios: “Habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, ni desmayes cuando eres reprendido por él; porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo” (He. 12: 5-6).la ira de dios “¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia? Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor. Y otra vez: El Señor juzgará a su pueblo. ¡Horrenda cosa es caer en las manos del Dios vivo!… Porque nuestro Dios es fuego consumidor” (He. 10:29-31; 12:29; Lm. 3:1). La sabiduría se mantiene alejada de muchos de nosotros por falta de un sano temor de Dios que nos permita verlo no como lo imaginamos, sino como lo que es. No sólo como Dios de amor, sino también como Dios de ira.  La paciencia de Dios: “Porque el Señor ejecutará su sentencia en el tierra en justicia y con prontitud. Y como antes dijo Isaías: Si el Señor de los ejércitos no nos hubiera dejado descendencia, como Sodoma habríamos venido a ser, y a Gomorra seríamos semejantes” Ro. 9:27. Igual que Israel, en medio de la desgracia que viene como resultado de la desobediencia, podemos discernir que Dios ha sido paciente en medio de la ira y no nos ha raído del todo porque es “tardo para la ira” (Ex. 34:6). La providencia de Dios: “Ahora, pues, no os entristezcais, ni os pese de haberme vendido acá; porque para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros. Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo” Gn. 50:20. La vida de José ilustra que una de las bendiciones más grandes es llegar a entender cómo Dios ha usado para bien los fracasos, injusticias, desgracias y tragedias de la vida. Sin embargo, debemos recordar que “Dios puede esconder sus propósitos para que podamos vivir sus promesas”. La suficiencia de Dios: “Jehová te oiga en el día del conflicto; el nombre del Dios de Jacob te defienda. Estos confían en carros, y aquellos en caballos; mas nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria. Ellos flaquean y caen, mas nosotros nos levantamos y estamos en pie” Sal. 20:1, 7, 8; Gn. 35:3; 2 S. 22:7). ¿Cómo podríamos experimentar que Dios es suficiente para consolar, proveer, restaurar, etc., si no fuera porque hemos llegado a necesitar consuelo, provisión, restauración, etc.?  La protección de Dios: “Pero la salvación de los justos es de Jehová, y él es su fortaleza en el tiempo de la angustia. Jehová los ayudará y los librará; los libertará de los impíos, y lo salvará, por cuanto en él esperaron” (Sal. 37:39-40; Nah. 1:7).  La soberanía de Dios: “He aquí que voz de rumor viene, y alboroto grande de la tierra del norte, para convertir en soledad todas las ciudades de Judá, en morada de chacales. Conozco, oh Jehová, que el hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos” (Jr. 10:22-23). La fidelidad de Dios: “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar” (1 Co. 10:13). Nuestra vida no está en las manos de un destino ciego, sino de un Padre amante que no causa la adversidad, sino que la controla y dosifica en su intensidad y duración para el cumplimiento de sus propósitos buenos, sabios y santos. Cuando Dios permite pruebas extraordinarias, también da gracia extraordinaria. Con frecuencia nos parece completamente sin sentido e irracional, pero para Dios nada lo es. Él tiene un propósito en todo dolor que trae o que permite en nuestras vidas. Podemos estar seguros de que en alguna forma es para nuestro beneficio y su gloria.

 

 

Capítulo 13”Escogiendo confiar en Dios “

Cuando leí este capítulo me vino a la mente hebreo 11. “Todos necesitamos una fe que no se encoja cuando se sumerja en las aguas de la aflicción”: “¿Y qué más digo? Porque tiempo me faltaría contando de Gedón, de Barac, de Sansón, de Jefté, de David, así como de Samuel y de los profetas; que por la fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros. Las mujeres recibieron sus muertos mediante resurrección; mas otros fueron atormentados, no aceptando el rescate, a fin de obtener mejor resurrección. Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles. Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados; de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra. Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido; proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros” He. 11:32-39. Ya sea que la dificultad sea mayor o menor, debemos escoger confiar en Dios. Tenemos que aprender a decir con el salmista: “Cuando esté asustado, confiaré en ti”.

 

Capítulo 14”Dando siempre gracias”

En este capítulo el autor nos insta a dar gracias a dios en todo y por todo la biblia dice “Bienaventurado el hombre que tiene en ti sus fuerzas, en cuyo corazón están tus caminos.

Atravesando el valle de lágrimas lo cambian en fuente, cuando la lluvia llena los estanques. Irán de poder en poder; verán a Dios en Sion” Salmo 84:5-7. Un día, al dirigirse a unos estudiantes, el misionero Hudson Taylor les preguntó ¿Cuál es el valle poblado más largo y más ancho del mundo? Cada uno apeló a sus conocimientos de geografía no, no es el valle de Yangtsekiang, ni tampoco el del Congo, ni el del Mississippi. Es el valle de Lágrimas, al que la Biblia llama el valle de Baca. Desde que el hombre existe, multitudes pasaron por él. Puede extenderse durante una vida entera. Todo ser humano lo recorre una vez u otra. Lo importante es saber con qué estado de ánimo lo atravesamos. A menudo, ¿no buscamos atajos para salir más pronto de él? El creyente ¿debe ser insensible o indiferente al sufrimiento? ¿Debe procurar endurecerse? NO, pero contando con la promesa divina, atravesará el valle con Dios y así lo transformará en un lugar lleno de fuentes para su propia bendición, para la de los demás, y para la gloria de Dios. El hombre cuya fortaleza está en Dios aprendió a conocer el valor del valle de Lágrimas y sabe que esos lugares secos y desolados pueden permitirle experimentar la fidelidad de Dios. Cualquier necio puede criticar, condenar, y quejarse y la mayoría de necios lo hacen. Sólo el creyente sabio que ha aprendido a hallar sus fuerzas en el Señor puede dar gracias en todo. Para animarnos a llegar a ese punto, consideremos aun otros propósitos que Dios cumple en el sufrimiento. Dios usa la adversidad y los problemas para recordarnos que el gozo tiene que ver con una decisión del corazón a la hora de la adversidad: “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas” Stg. 1:2. La palabra para “sumo” también se usa para “todo”. La idea es que debemos determinar responder con un gozo pleno a las pruebas. Parece difícil creer que podamos elegir gozarnos o no. Pensamos que el gozo es algo que simplemente sucede. Pero este versículo es una orden: “tened”. No dice, “si podéis”, o “si os apetece”. Como Dios nunca nos manda hacer algo que no nos da el poder para hacer Fil. 4:13, sabemos que tenemos los recursos espirituales para gozarnos si queremos obedecer. No es un gozo masoquista, sino que nos gozamos porque podemos ver que Dios está produciendo en nosotros paciencia y madurez.

 

CONCLUSION:

Le doy gracias a Dios por haber tomado esta clase y poder leer este hermoso libro, pues hace 11 años que estoy experimentando una adversidad en mi vida que solo Dios y yo sabemos, pero al terminar de leer este libro he sido sanado de todo lo que he venido sufriendo,  pues ahora sé que mi Dios está en control de toda mi vida de lo bueno y de lo malo. Que hermoso libro lo volveré a leer pero ahora para sacar estudios de el.

Bibliografía:

  1. Santa Biblia Reina Valera, 1960
  2. Confiando en Dios Aunque la Vida Duela, Jerry Bridges